Mi país en paz



“La paz para nosotros y nosotras no es una palabra o un discurso,
es una práctica que cotidianamente vivimos y practicamos en los territorios,
en nuestros ciclos de vida y con todos aquellos con los que nos relacionamos”

   (Declaración de los Pueblos Indígenas, III Mesa Indígena de Paz,
Villeta-Cundinamarca, 17 al 19 de Julio de 2006).

 

La paz (como me la imagino) en Colombia, poco tiene que ver con una escena de todos agarrados de la mano en círculo, corriendo por praderas inmensas o abrazándonos con los actores armados. Pero pienso, con mucha alegría, en un país donde cada cual viva la vida que quiere vivir: de los indígenas educándose desde su cosmovisión; de los afrodescendientes pescando a la hora que se llenan las redes; de los jóvenes yendo a conocer sin miedo esta belleza de geografía que tenemos; de los niños que no tienen que ver la angustia en los ojos de sus papás cada vez que escuchan noticias…básicamente un país como cualquier otro, pero en el que vivamos los millones de colombianos, que nos apropiamos de la guerra como si no hubiese salida.

Y es que la solución al conflicto bélico de este país, que comprende además micro conflictos de otro orden, requiere una voluntad política e ideológica de los actores armados (guerrillas, paramilitares, ejército), pero sobre todo exige una sociedad civil fuerte y compacta, que sin miedo defienda el artículo 22 de la Constitución Política de Colombia que dice literalmente “La paz es un derecho y un deber de obligatorio cumplimiento”.

Porque pese a los discursos que circulan todos los días, como ciudadanos la ley nos plantea una obligación: la de hacer de la paz una realidad. Y aunque los colombianos que vivimos en las urbes, estamos llegando tarde al llamado, hay personas en los lugares más recónditos de nuestro país construyendo la paz, poniendo el tema sobre la mesa, diciéndole a sus niños y jóvenes que no vale la pena prolongar el conflicto, que hay que dialogar.

Ell@s, ahora han decido jalarnos las orejas y decirnos “la llave de la paz también es nuestra”. No es más un adminículo que reposa en el bolsillo de presidentes y jefes guerrilleros, pues la Constitución está escrita para todos y no hay ley que la supere en nuestro territorio.

Sin embargo, muchos líderes de organizaciones sociales se han visto en riesgo de ser judicializados al propiciar acercamientos y diálogos humanitarios con grupos armados, con el objetivo de salvar vidas, recuperar niños y niñas reclutados forzadamente, impedir la siembra de minas, y defender su autonomía. Esto por las disposiciones de la Ley 1421 de 2010, especialmente su artículo 3.

Por esta razón,  el pasado miércoles 13 de junio, en la plaza de Bolívar de Bogotá, más de 30 organizaciones de la sociedad civil colombiana solicitaron ante la Corte Constitucional la inexequibilidad de dicho artículo, a través de una acción pública de inconstitucionalidad.

Ante este panorama, me pregunto si las personas que empuñan un fusil conocen las razones por las cuales nació este conflicto, si se identifican con él, o si fue la última alternativa ante las reducidas posibilidades de acceder a educación, vivienda, salud y cultura.

Soy partidaria de los diálogos humanitarios, de un encuentro de voluntades entre gobierno y actores armados, de un cese al fuego. Pero también creo que hay que contemplar a la sociedad civil como un actor protagónico, representativo, cuya voz sea escuchada; tanto  en un eventual proceso de paz, como en el marco del conflicto. Pues es en las comunidades (urbanas, campesinas, indígenas, afrodescendientes) en las que recae el peso histórico de las balas, la marginación, la arbitrariedad, la deformación de las familias y sobre todo la falta de esperanza.

Nos ha correspondido este tiempo por una razón, nos asiste un llamado a transformar nuestra realidad histórica. A mí la paz no me da miedo.  ¡Es hora de parar la guerra!

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Acerca de Nadyum

Comunicadora Social, me gustan las historias, y la gente que mueve las manos cuando habla. Creo en un mundo mejor. Estoy en (de)construcción.

3 pensamientos en “Mi país en paz

  1. A mi la paz no me da miedo, pero debo confesar que la desesperanza se ha apoderado de mí. Creo en el profundo deseo del ciudadano del común de que se terminé de una vez este amargo conflicto, pero no tengo fe en nuestro gobierno y mucho menos en nuestras instituciones, veo tanta podredumbre en ellos, que hasta que no salga el último de esos lagartos putrefactos de los organismos del Estado, la paz seguirá siendo un sueño. Dios quiera que esté equivocada.

    • María, el hecho es que hemos empezado a transitar un camino importante para la historia de nuestro país. Es cierto que nuestro Estado aun tiene mucho por trabajar, pero también es cierto que hemos vivido en guerra durante 50 años, ¿hay algo peor que eso?

  2. Creo que es el momento de un cambio y lo principal es cambiar el pensamiento de una sociedad indiferente, egoista, indolente, es hora de que cambiemos todos desde adentro y así contribuir a un cambio general de nuestro ensangrentado país…

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