Superpoderes femeninos

Fotos de Neil Palmer/CIAT

Encontrarse con mujeres camino al trabajo en las calles de nuestras ciudades es una escena cotidiana. Ingrid, por ejemplo, sale a trabajar todos los días a las 6:30 de la mañana. 1 hora antes, ha preparado el desayuno, lavado los platos, tendido las camas, ha despachado a su hija para el colegio y hasta ha tenido tiempo para maquillarse.

Hoy salió un poco antes porque estaba anunciado un paro de transportadores, y debía llegar a tiempo a su jornada laboral, sin importar lo que estuviera pasando en la ciudad.

Ingrid es solo una de las miles de mujeres trabajadoras que ha contribuido a la disminución de la pobreza extrema en América Latina en casi un 30 %.

Según un nuevo informe del Banco Mundial “la participación de las mujeres en el mercado laboral se ha incrementado, particularmente en los últimos diez años. Este desarrollo tuvo como consecuencia importantes cambios sociales en la región y mejores condiciones económicas”.

Pero el informe también plantea que “se observa una persistente brecha de ingresos entre las profesionales y sus pares masculinos”.

Y viene a mi cabeza esa frase de Pierre Bourdieu que Florence Thomas, la reconocida feminista, coordinadora del grupo Mujer y Sociedad de la Universidad Nacional de Colombia, cita en una de sus columnas: “Nacer mujer es nacer con un coeficiente simbólico negativo”.

Nuestra participación en el mercado laboral ha ayudado a reducir el impacto de la crisis pero seguimos estando rezagadas en términos de oportunidades. Y creo que es porque además de ser mujeres trabajadoras, desempeñamos muchos más roles. Llegamos después del trabajo—de ese ambiente masculino—a quitarnos el chip laboral y a ponernos el de esposas, amigas, amantes, madres, hijas, nietas, hermanas, amigas…

Ayer, la Primera Dama Michelle Obama, ofreció un discurso en la Convención Nacional Demócrata en Charlotte, Carolina del Norte, en el marco de la campaña para la reelección de su esposo. Me gustó el testimonio de su vida a lo largo de los últimos años para lograr el equilibrio de ser un modelo de mujer en el siglo XXI:

“Ya ves, al final del día, mi título más importante aún es “mamá en jefe”. Mis hijas son todavía el centro de mi corazón y el centro de mi mundo”.

No importa si salimos todas las mañanas a coger el bus para el trabajo como Ingrid, o si somos la esposa del presidente de los Estados Unidos. Somos más valiosas de lo que nos imaginamos, no solo en el núcleo familiar, sino en el ámbito mundial.

Además de tener la fortaleza para procrear, podemos también rescatar la economía.

Los invito a leer el informe (disponible en inglés):

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Acerca de Mafermc85

Comunicadora científica y periodista digital apasionada por el conocimiento, la tecnología, la ciencia, la naturaleza, el running y los viajes.

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