Yo no vengo a decir un discurso

Así tituló Gabriel García Márquez uno de sus últimos libros en el que reúne una serie de escritos, leídos por él mismo a lo largo de su vida ante diversas audiencias y contextos: “desde el primero que escribe a los 17 años para despedir a sus compañeros del curso superior en Zipaquirá, hasta el que lee ante las academias de la Lengua y los Reyes de España al cumplir 80 años”.

Y como hemos confirmado esta semana tras su partida, Gabo es simplemente amado u odiado, sin  matices ni grises… entonces leer este libro es una buena oportunidad para conocer un poco más—y sin realismo mágico—sus pasiones, obsesiones, su fervorosa vocación por la literatura, el periodismo, la gramática y hasta la política.

Pero mi propósito aquí no es escribir una reseña, sino compartir el discurso que me parece el más importante y que hoy, 23 años después, tiene más vigencia que cualquier otro.

Imagen‘Una alianza ecológica de América Latina’ fue leída por Gabo ante la Primera Cumbre Iberoamericana de Presidentes el 19 de julio de 1991 en Guadalajara, México, como una síntesis de un documento del Grupo de los Cien, del cual formaba parte junto con otros escritores y artistas latinoamericanos que se propusieron una lucha común para salvar el planeta:

La Tierra está atravesando por la peor crisis ecológica de su historia. Casi la mitad de los bosques tropicales del mundo han desaparecido.

Se pierden entre 16 y 20 millones de hectáreas boscosas por año, y cada hora, una especie viva se extingue. Para el año 2000, tres cuartas partes de los bosques tropicales de América habrán sido arrasadas y, probablemente, perderemos el cincuenta por ciento de sus especies. Víctimas de este desastre astronómico, no menos de 18 comunidades precolombinas, de las más importantes de América Latina y el Caribe, podrían ser borradas de la historia.

Por otra parte, cada año se vierten millones de toneladas de desechos tóxicos en nuestras aguas, que los países desarrollados han convertido en un inmenso basurero de venenos. El 78 por ciento de estos desechos provienen de Estados Unidos. Es decir, lo que costó a la naturaleza millones de años para ser creado, los humanos lo habremos destruido en poco más de cuarenta.

Por fortuna, todavía los latinoamericanos tenemos mucho más que salvar: de los novecientos millones de hectáreas de bosques tropicales en la Tierra, nosotros tenemos un 58 por ciento, del cual solo Brasil tiene el 33 por ciento. Panamá posee tantas plantas como Europa. La reserva peruana de Tambopata es el hábitat de pájaros y mariposas más rico del mundo. Las plantas y los animales de Tepuis, en Venezuela, son verdaderos tesoros naturales. La selva Lacandona es el más grande bosque tropical húmedo del hemisferio norte.

Por el Amazonas no solo fluye la quinta parte del agua dulce de la Tierra cada día, sino que la Amazonia es el ecosistema más rico y complejo de la Tierra y su banco genético más vasto, donde vive la quinta parte de las especies de pájaros del planeta. El corredor de aves migratorias más poblado de la América atraviesa la parte oriental de México, cruza América Central y desemboca en la Amazonia. México y Colombia son dos de los cuatro países con mayor diversidad de flora y fauna del mundo, pero solo una acción unitaria, enérgica y perseverante de nuestros gobiernos puede preservar estas riquezas de la catástrofe final.

Es con esta conciencia, señores presidentes, como un grupo numeroso y distinguido de gentes de las artes y las letras de América Latina, vienen a proponer ante ustedes la concreción de una alianza ecológica de Latinoamérica, que sin duda será providencial en la empresa nada fácil de salvar el mundo (García Márquez, G. 2010. Yo no vengo a decir un discurso. Bogotá: Mondadori).

¿Qué pasó con esa alianza ecológica? Nos preguntamos y nos cuestionamos aún más tras conocer el reciente informe del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC, por sus siglas en inglés) publicado el pasado 31 de marzo, que confirma muchas de las catástrofes que menciona Gabo, y que ciertamente han aumentado a niveles sin precedentes, como las emisiones de gases de efecto invernadero.

Solo nos queda esperar que en la próxima Cumbre Mundial de Cambio Climático (COP20) que se celebrará en septiembre, en Lima, Perú surjan acciones (¿o promesas?) contundentes que sin duda serán providenciales “en la empresa nada fácil de salvar el mundo”.

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