Queremos guerra

Hace unos meses alguien me comentó de un experimento en el que le pedían a los colombianos imaginar un país en paz. La idea, era que los entrevistados señalaran una o varias características que tendría este lugar, sin restricciones; era una pregunta abierta. El resultado, es que muy poca gente consigue decir dos o tres aspectos que respondan directamente al cuestionamiento.

En esa mesa, yo misma hice el ejercicio. Repasé los resguardos, municipios y veredas en los que he conversado sobre paz con la gente que ha sufrido en carne propia la guerra; volví sobre los textos que he leído una y otra vez para escribir mi tesis; intenté sentir con el corazón buscando una respuesta, así fuera cursi. Pero no pude.

Debe ser porque nunca he vivido en un país en paz, o porque recuerdo que sé reconocer la diferencia entre el estallido de una bomba y cualquier otro ¡bum!, o porque cuando era pequeña dejamos de acampar donde queríamos, y pasamos a hacerlo donde nos decían que podíamos. Debe ser porque a los amigos de mis amigos los han secuestrado, porque a los líderes con los que trabajé los han desplazado, porque he compartido la mesa con mujeres a las que ya no les quedan parientes, porque la misión médica en la que estuvo mi hermano fue interceptada varias veces, o porque algunas carreteras por las que he transitado han sido estalladas. Debe ser porque la historia de mi país me hizo aprender sobre “la horrible noche”, y el rojo de nuestra bandera, que ya tiene más sangre de víctimas que de héroes, debe ser porque no sé soñar.

Salvo que sí sé soñar. Y me niego a ser un instrumento repetitivo, y siento que tenemos la deuda que no saldaron nuestros abuelos, ni nuestros padres y nos quedó a nosotros: cambiar el rumbo. Y mi ingenuidad no da para creer que el fin del conflicto armado nos devolverá la dicha y la calma, pero claro que nos dará margen para ver más allá del disco rayado de los atentados, las masacres, las ejecuciones extrajudiciales, los desplazamientos, etc., etc. que tanto necesitamos conocer, para superar.

Queremos guerra, porque sabemos mucho de ella. Nos hicimos a punta de noticias y anécdotas de violencia. Queremos guerra porque es lo que hemos tenido, lo que heredamos, lo que nos hace patriotas. Queremos guerra, porque la paz parece una meta pintada en medio de unicornios y arco iris. Queremos guerra porque nos da miedo una paz imperfecta y exigente, una paz que quita el cerco y nos pone a compartir el barrio y la escuela con los hijos de guerrilleros, una paz que no nos volverá potencia, ni nos salvará de los atracos y las riñas callejeras. Una paz pequeñita, y sin embargo a muchos nos alcanza.

Foto de Fundación Chasquis [http://fundachasquis.org/]

Foto de Fundación Chasquis [http://fundachasquis.org/]

“En realidad, el odio no cesa con el odio, sino que cesa con el amor; esta es una verdad eterna”. (Dhammapada, La Senda de la Ley)

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Acerca de Nadyum

Comunicadora Social, me gustan las historias, y la gente que mueve las manos cuando habla. Creo en un mundo mejor. Estoy en (de)construcción.

4 pensamientos en “Queremos guerra

  1. No conocemos lo que no es vivir en guerra, tienes razón con ello – Somos conscientes que los tiempos cambian, pero aún desconocemos como es un país para vivir sin una guerra. No sabríamos que decir al escuchar las noticias y no ver que (x-y-z) fueron bombardeados y que nuestras fuerzas armadas atacaron (X-Y-Z). Pese a ello no ingenuo creer que se puede iniciar de cero, y que cambiar el ship con el que crecimos no es tan difícil como parece. Importante. 1. – Reconocernos. 2- Reconocer nuestro pasado 3. Sentarnos todos a la misma mesa.

    En cuanto a las variables en parentesis .. esos X – Y – Z… siempre son los mismos, por que sucede que todos estamos en el mismo territorio y tenemos la misma nacionalidad.

  2. Mariana, totalmente de acuerdo. Yo siento que hay algo muy poderoso en la posibilidad del cambio y la transformación social. Ahí vamos, remando, creyendo. Porque si no creemos, nos entregamos. Gracias por leer y comentar.

  3. Hace muchos años, cuando comenzó esa “horrible noche” algunos de nosotros también soñábamos con la paz y que al despertar la cruenta realidad en la que se hundía mi país, sería solo un recuerdo, se veía tan fácil…

    40 años más tarde es tu generación la que está de turno soñando y trabajando por la paz, no importa cuán pequeña o insignificante parezca.

    Ahora sueño poco es la verdad, pero en cambio tengo visiones o mejor: alucinaciones, y la que me asalta con más frecuencia es una en la que veo un pueblo descalzo, bailando y celebrando la tan anhelada paz, sin darse cuenta que está caminando por el lecho de un rio de sangre y tumbas clandestinas, agitando pancartas con la inevitable foto, en la que aparecerán abrazándose los gatilleros materiales e intelectuales de nuestra tragedia.

    Creo que tienes razón, me da miedo, mucho miedo una paz imperfecta, que compartan el barrio los niños de ambos bandos sería lo ideal, como dice el refrán ‘borrón y cuenta nueva’, pero lo que me trastorna un poco es creer que víctimas y victimarios caminaran de la mano al final de la película, unos sin indemnizar y los otros con impunidad.

    • Tower, creo que la única manera de conocer el camino es transitarlo. Ojalá podamos deponer las suposiciones y los miedos, y aportar con ideas, críticas y perspectivas a la construcción de una paz con justicia social, estructural y, en la medida necesaria, punitiva. Gracias por comentar.

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