PeaceTech Lab: One Wild Ride

As a peacebuilder (and I imagine if you are reading this, you have had the exact same feeling), some days are amazing: full of good news, motivation, hope and a powerful sensation that we are changing the world. Other days are harder . . . full of challenges, questions, and fears. I’m pretty sure that if you are using technology to build peace, you are living on some kind of a roller coaster.

Now I’m in the best part of that roller coaster! For the past two and a half weeks, I have been working at PeaceTech Lab as part of a Fellowship Program through the International Center for Journalists. These days have involved meeting inspiring people, learning new methodologies and tools, listening to the experiences of practitioners and “peace believers,” and having the opportunity to share my point of view based on my work in Colombia and Latin America.

I want to share three things to remember when the roller coaster goes down (and you should remember these too): (i) we are not alone, there are many people working in different parts of the world doing great things, it is important to share ideas and doubts, and to move forward together; (ii) there is more that just one path, different realities require different answers, and it is okay to look for inspiration and adapt some of the tools that already exist, but it is also valuable to discover new ways to build peace; (iii) love the challenge more that the solution, we are learning, we need to try, failures and successes are both important . . . “Peace is every step.”

2007-10-12_monks
Photo from internet
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5 cosas que aprendí sobre periodismo innovador la última semana

Innovar
Del lat. innovāre.
1. tr. Mudar o alterar algo, introduciendo novedades.

Durante años los periodistas hemos estado haciendo las mismas cosas, con metodologías muy similares a las que usaron los antepasados de la profesión. Sin embargo, hay quienes se han atrevido a dar un paso adelante, y hoy llevan el arte y el oficio al siguiente nivel.

Luego de una semana escuchando expertos sobre el tema, comparto estos cinco puntos que todo aquel que quiera innovar y emprender en periodismo debe saber:

  • Es necesario identificar qué se está haciendo en otras industrias: el periodismo es transversal, diverso y puede llegar a ser sumamente creativo. Entender cómo están pasando las cosas en otras disciplinas e industrias puede ser muy inspirador para arriesgarse a nuevos mundos.
  • El secreto está en crear filtros: ya sabemos que hay mucha información, y que los contenidos están literalmente en todas partes. Sin embargo, no todas las personas tienen los mismos intereses, de modo que filtrar esa gran cantidad de información y generar contenidos específicos para determinadas audiencias es una forma de innovar.
  • Se vale empezar por lo pequeño: un boletín de noticias, un grupo especializado, un blog, un podcast…hay muchas formas de comenzar a emprender y a innovar. Lo importante es crear un producto o servicio que añada valor.
  • Hay que ir a por las historias que no se están contando: los grandes medios han olvidado muchos espacios donde quedan historias y noticias que no han visto la luz. Los nuevos medios están llamados a cubrir ese espacio, y a fortalecer la relación entre lo local y lo global.
  • El periodismo puede hacer más que periodismo: parte de la sustentabilidad y la independencia de un medio, plataforma u otro tipo de emprendimiento periodístico está en sus fuentes de ingreso. Es necesario diversificar y ampliar los servicios que se ofrecen a través de entrenamientos, diseño de estrategias, eventos especializados u otros.

After harvesting of the isolated GI, purify it using various methods and use a DNA sequencerto check.

Para revisar…

SembraMedia tiene una base de datos en la que han venido mapeando las iniciativas de periodismo emprendedor en Latinoamérica.

Hay muchas herramientas gratis que se pueden usar para contar historias introduciendo nuevos elementos. Aquí hay varias desarrolladas por Fellows de ICFJ Knight.

ICFJ ha abierto las inscripciones para su programa A Digital Path to Entrepreneurship and Innovation for Latin America hasta el 13 de noviembre. Periodistas de Argentina, Brasil, Colombia, Costa Rica, Ecuador, El Salvador, Guatemala, Honduras, México, Nicaragua, Panamá y Perú interesados en vivir la experiencia durante 2018 pueden postularse.

Lo que hay que restituir además de la tierra

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Como comunicadora social, pero sobre todo como colombiana, me he preguntado constantemente cómo podemos dar el salto para romper el círculo de violencia que durante generaciones hemos alimentado en el país.

Pese a no tener la respuesta, he formulado muchos interrogantes. Los más recientes, en compañía de Paola Forero, psicóloga de la Universidad del Externado, con quien publiqué mi tesis de maestría este año. Nuestra preocupación fue revisar qué sucede en el tejido social (es decir las relaciones entre amigos, vecinos, instituciones, etc.) cuando las comunidades regresan a los territorios de los que fueron desplazadas o despojadas, esto en el marco de la restitución de tierras.

No hay conclusión sencilla, cuando se entiende -en el caso que revisamos- que un grupo de personas vuelve a habitar un lugar donde fueron víctimas del conflicto armado, luego de 20 años, y en condiciones sumamente distintas, o, ¿quién no cambia en dos décadas?

Esta investigación, fue posible gracias a los parceleros de Santa Paula (en el departamento de Córdoba), quienes nos cedieron sus historias y momentos, para ver conjuntamente la relación entre tejido social, comunicación y construcción de paz.

Las conclusiones de nuestro trabajo, están disponibles haciendo clic aquí, en un artículo que escribimos para la Revista Ciudad Paz-Ando en coautoría con Jairo Ordóñez, quien guió este proceso.

Pero las verdaderas conclusiones están en quienes nos dieron el privilegio de escucharlos, de entenderlos, de compartir preocupaciones y visiones a futuro. Los que no están esperando la paz, sino que la están construyendo.

 

 

 

Las sombras del cine colombiano

En las últimas semanas he tenido la posibilidad de ir a cine a ver historias que no repiten el disco rayado de los temas fáciles. Cine con corazón le digo yo, a dos películas que me dejaron con ganas de un foro (en realidad más de un grupo de apoyo), para sacar la rabia, el dolor, el amor, y la impotencia que me recorrieron el cuerpo a través de Carta a una sombra, y La tierra y la sombra.

Afiches Carta a una sombra y La tierra y la sombra

La primera, una pieza impecable que obliga al público a aplaudir al final. Como si el aplauso condensara las lágrimas, y fuera un homenaje a Héctor Abad Gómez, y a todas y cada una de sus luchas. Y a la vez, fuera un abrazo a su viuda, a sus huérfanos, a los nietos que privaron de un abuelito enamorado de las rosas y los libros. Es un documental que vibra entre canciones y poemas, con imágenes y voces de archivo, que nos muestra que no solo hemos perdido héroes políticos, sino también a soñadores que creían que el mundo podía ser un poquito más vivible. Duele porque es una historia repetida, la de aquellos que fueron apagados por voluntades ajenas; porque da rabia saber que muchos no se mueren de viejos como propone el protagonista; y porque trae de la mano las imágenes de otros que también han andado los caminos de ser señalados, amenazados y perseguidos por ser fieles a sus sueños.

La segunda, es una película que parece escrita y rodada a versos. Cinco personajes principales llenos de la humanidad que da el campo, que persiguen en su día a día la raíz con una tierra que se ha comido la caña, y que les llueve humo y ceniza. Un juego de roles múltiple que nos habla del desarrollo, de la injusticia del sistema laboral, de los inalcanzables derechos sociales, del perdón, y de la vida, sin un discurso que lo grite. Solo un samán gigante, los machetazos de las mujeres corteras, y los largos caminos que llevan a una casita que parece una declaración de resilencia. La muestra de una violencia silenciosa que aniquila tanto como los fusiles, narrada a través de un Valle del Cauca monocultivado, cuya belleza es tibia, y no alcanza para la felicidad de los que lo habitan.

Dos historias que nos muestran un país por el que andan miles de cuentos, de quereres, de pérdidas. Dos sombras inmensas que le dan luz a un cine harto de traquetos, y chistes flojos, y que entregan en audiovisual el sentimiento por la narración. Cualquier párrafo es injusto frente a su calidad y calidez. Gracias a Daniela Abad y a César Acevedo, quienes son un testimonio de lo posible, de un cine hecho en Colombia, con mucho más que estereotipos. La otra parte es de nosotros: llenar las salas, dejar que broten las lágrimas, y decirle al mundo que todavía estamos aprendiendo a contarnos.

Yo no vengo a decir un discurso

Así tituló Gabriel García Márquez uno de sus últimos libros en el que reúne una serie de escritos, leídos por él mismo a lo largo de su vida ante diversas audiencias y contextos: “desde el primero que escribe a los 17 años para despedir a sus compañeros del curso superior en Zipaquirá, hasta el que lee ante las academias de la Lengua y los Reyes de España al cumplir 80 años”.

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